I – Cosmogonía básica



Extracto del inconcluso libro de ficción “Dioses y Zámganos”:

El Caos y la Creación del universo.

caos.jpgEn un principio hubo el caos1, la naturaleza primigenia de nuestro universo, el ovillo de lana enmarañada de donde iba a surgir todo cuanto conocemos y podemos percibir, un atisbo de realidad que se prolonga inversamente hasta un supuesto infinito2 . Hesíodo, así nos lo explica, aunque él ve el caos como el Ser3 donde no hay más que espacio, extensión pura, una idea que suscita la imagen de un lugar grandioso y geometrizado en cuanto a dimensiones, algo que no se puede admitir de ninguna manera, dado que el espacio es “algo” propiamente, que no tiene nada de caótico, y que por añadidura tiene notables propiedades de equilibrio, estabilidad y uniformidad. El caos podría venir a representarse como un gran conjunto de elementos que se mezclan, de difícil clasificación por su natura cambiante de ideas inestables; no había sillas, no había átomos, la realidad se aproximaba a conceptos sin llegar a definirlos, rozándolos siquiera, y formando una masa (sin ser masa, ni cosa) de ambigüedad integral, de color incierto, y plasticidad aceitosa Es difícil imaginar una caja que a la vez es perro y a la vez es quásar, pero es que en realidad no es ni caja, ni perro, ni quásar, ni la nada; es el caos. Nuestra mente puede aproximarse a esta idea, a la idea de una masa casi-algo, y quizás en ese momento es cuando más cerca estaremos de entenderlo, porque nos arrimamos a un concepto sin llegar a concebirlo. Sin duda, los instigadores de tal fenómeno mental son vestigios de caos que aún quedan perdidos a la deriva por el cosmos. A veces te cruzas con ellos por la calle, y dudas si alguien te ha llamado.

Para los Egipcios era el Nun, evocado en la imaginería popular como un océano, o como un magma informe, que a pesar de ser desolador albergaba un grandioso potencial de vida. En ese caos, para los que viven a la sombra de la gran pirámide, existía un principio conciente desde la más remota antigüedad, el dios Atum, cuyo nombre significa “el Total”, “el Completo”, subrayando su carácter abstracto. Muchas otras culturas coincidiendo en la naturaleza indisciplinada del primer principio, es decir, caótica. Esto no es aplicable, no obstante, a las mitologías basadas en los ciclos, como pudiera ser la maya, donde no hay un principio primigenio, sino el empezar de una nueva etapa; Los antiguos no tenían porque dar por sentado que antes de nacer nuestra dimensión por fuerza tenía que haber habido un caos, antes podía haber habido una manzana primigenia, o un triunvirato de pre-dioses, o vete tu a saber. Y el hecho que en tantas culturas exista tal semejanza tenemos que explicarlo en parámetros de civilización, regulación racional y no instintiva de la vida ante el precedente de nuestra naturaleza animal4.

El caos, esa aireada terraza de la fugacidad sin reglas, siempre estuvo allí, encastado en una esquina de la realidad, pero su naturaleza infinita se iba a estroncar por capricho de un ser superior. Citando la cosmogonía sumeria podemos relatar como actuando una energía divina, los elementos confundidos se desprenden y son dotados de una identidad, que los limita y estabiliza. Nuestro mundo no es otra cosa que un espacio dentro otro suprauniverso, dado que los dioses no se crearon a partir de dicho caos, sino que antes ya estaban, como se dice en el Edda Menor:

“Entonces preguntó Gangleri:
-¿Qué hacía antes de que se crearan el cielo y la tierra?5 /
El alto respondió:
-Andaba allá con los gigantes de la escarcha”

Tomando otra muestra de civilizaciones primarias, y con primarias me quiero referir a su antigüedad y parentesco con otras más recientes6 , hablaré del mito africano boshongo que difiere de la concepción del caos primordial. En esta mitología encontramos otra vertiente igualmente difundida de la cosmogonía. En un principio, había la oscuridad, la carencia de luz. Siendo la luz un símbolo inequívoco de la vida, fue el dios Bumba, solo en la infinita noche y con gran dolor de estómago, quien vomitó el sol e inició la realidad.

p1017119b.jpgUn hecho curioso es que todas las culturas, a pesar que sean politeístas o monoteístas, en el instante de hablar de creación siempre se refieren al creador, no al comité de creación. Es un dios quien da el primer paso, y rompe el infinito caótico, en un acto de poder inconmensurable. Después otros le ayudan o no en su tarea. Crear una realidad debe ser como escribir una enciclopedia universal, no lleva una semana, a pesar que ciertos libros sustentan lo contrario. A no ser que en el caos no hubiera tiempo, y esto podría ser una teoría interesante si escuchamos el mito mazdeista de Iran, donde el dios supremo Zurvân, el tiempo, es el creador y lo reparte entre sus hijos. Sin tiempo, no hay prisa.

sauronvo1.jpgSea como fuere, en muchas mitologías el supremo y sus ayudantes cogieron el Caos y lo doblaron, juntaron piezas y formaron un mundo lineal y bipolar. Este dualismo al que me refiero al decir bipolar, se ve perfectamente ejemplarizado en el mito de creación taoista, donde no se empieza de un caos, sino que el relato da comienzo un microsegundo después de que se haya establecido el primer orden. Es el llamado Tai Yi, representado por un gran círculo vacio, en calma, el caldo de cultivo de la vida. El caos se había detenido ante el grito ensordecedor de una ser inmenso, el creador, quien empuñando un martillo forjador de estrellas, dio el primer golpe en el centro. Allí nace el primer movimiento, llamado Tai Chu y representado por un circulo con un punto en el centro, es el aliento inicial que dividirá la indefinición del caos en reposo en dos términos, sin estar en esta etapa aún definidos, pero aproximándose poco a poco a su naturaleza bipolar. Es la dinámica primigenia. Tal acontecimiento, se podría comparar con la filosofía hindú y su Bin Du, el punto que contiene la creación y que va a explotar para manifestar todo el universo. A partir de esta dinámica indiferenciada se produce una organización dando lugar a un movimiento coherente, a un único aliento a partir del cual se genera Yin y Yang (positivo y negativo), conociéndose esta etapa como Tai Ji (principio supremo), gracias a este principio supremo todo puede existir y manifestarse en el campo de la materialización. Todavía nos encontramos en un plano de manifestación no material, es decir, el plano en el que todavía no hay una manifestación o existencia visible pero están definidas las bases para que todo pueda existir.

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1- Hesíodo (Beocia s. VIII aC ? ) poeta griego, autor de Teogonía
2- Por supuesto, el caos antes de dejar de serlo siempre lo había sido, es decir, no vamos a hablar de la creación del caos, es un elemento infinito que se rompe, creando una paradoja que escapa a nuestra comprensión humana.
3- Ser, de existir.
4- El ser humano ante la revolución neolítica adopta una postura (en el recuerdo colectivo, y usando metáforas seguramente arraigadas en el inconsciente) de haber llegado a la última de tres etapas. La primera, la condición animal, en que rigen los instintos y no hay un orden establecido, el hambre y el sexo son el único objetivo vital, y este hecho se vislumbra con especial claridad, siendo el génesis de la idea de caos. Es falta de control racional, la no-consciencia. Acto seguido viene la segunda fase, el paraíso de los cazadores-recolectores, donde abunda la comida y el ser humano no tiene muchas preocupaciones, dispone de mucho tiempo libre y está en contacto con la naturaleza, el dios creador. En la tercera fase, el neolítico, aparece la agricultura, la tierra se convierte en oro, y nacen las leyes y la regulación. El ser humano toma plena consciencia, y tiene una necesidad material imperiosa, es el amanecer de la civilización pero la pérdida del contacto con el principio creador, la naturaleza.
5- Se refiere al creador.
6- El cristianismo, por ejemplo, a pesar de estar muy difundido, no es otra cosa que una prolongación del judaismo, y el islam está basado asimismo en la religión de Yahvé, siendo mahoma muy influenciado en sus viajes, por ser comerciante en el oriente próximo. El judeismo es probable que provenga de la herejía que se produjo en la XVIII dinastía egipcia que instigo Amenhoteph IV, con su veneración a un dios único solar llamado Atón. Así, podríamos seguir una genealogía religiosa en muchos otros casos.


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