pero siempre habrá poesía.



Recuerdo, de pequeño, cuando en clase nos pusieron un cassette de la Rima IV de Bécquer leída por Fernando Fernan Gómez. Me encantó, es una pena que se haya perdido en el olvido, y no lo encuentre en youtube ni por los mil mares de Internet.

Dormitará escondida en alguna isla aún por descubrir.

Acto seguido, al llegar a casa, corrí a la biblioteca de mi padre, ahí había visto un pequeño libro gastado llamado Rimas y Leyendas.
Me nutrí, encendida sangre de la fugaz adolescencia, de sus cadencias y aromías, de la belleza de su compás. Y años después alguna que otra probo su dulce cicuta, bajo las estrellas, y eso tengo que agradecérselo a Bécquer.
En su simplicidad radica su hermosura, rima fácil, desnuda, como es en realidad el amor.

Es un sueño la vida,
pero un sueño febril que dura un punto;
Cuando de él se despierta,
se ve que todo es vanidad y humo…
¡Ojalá fuera un sueño
muy largo y muy profundo,
un sueño que durara hasta la muerte!…

Yo soñaría con mi amor y el tuyo.

Cuanta vanidad y cuanto humo que veo en el mundo, sobretodo humo, mucho humo (y pocas nueces). Algunos tachan a Bécquer de poeta edulcorado, pero aunque parezca mentira, las palabras azucaradas poco importan. Lo importante es el contenido, no el receptáculo. Igual que el malentendido José Córdoba (antes Chivi), que siendo un gran cantautor la mayoría de gente solo se quedaba de sus canciones con las palabras malsonantes. Detrás de todo eso había una materia en bruto brillante en el campo poético, una sensibilidad especial, que por fin ha matado algunos de sus demonios.
Un genio como el que tuviera el discreto Javier Álvarez:

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(…)

En estos tiempos en que el corazón se resiente de lo que se avecina, quizás esté más sensible ante los ataques de los sentimientos, sin embargo, nadie puede negarles el mérito a estos poetas. Pero sí, cada canción tiene su momento.
Alopeor sea mi momento de escuchar la música que sonaba cuando todo empezó, la música que nos contó, sentados en el sofá y mirándonos a los ojos, lo que sentíamos.

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Cum defecerint ligna, exstinguetur ignis

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