Los dÃas se acortan, el frÃo aumenta paulatinamente, y el viento resopla con ese siseo gélido que anuncia que el invierno ya está aquÃ.
Paseando por Palamós, el cielo encapotado deja escapar aleatoriamente rayos de luz definidos y celestiales, como una vieja persiana medio corrida el sábado por la mañana.
Otra vez, el mar me cautiva, pero ahora por su oscuridad y pesadez, por su ancestral impenetrable misterio.
Escuchar este post :